Era una noche fria y nevaba.
Sin duda no era la adecuada para que un hombre sin hogar caminase por las grises e interminables calles.
Dentro
de la pizzeria, George Reed tocaba una animada melodia con su armonica.
Los niños reian y señalaban emocionados al hombre de la armonica
mientras sus padres parecian brillar de aprobacion.
Su recompensa
seria toda la pizza que pudiera comer, seis enteras, al menos, y una
cama caliente en la casa de uno de los parroquianos. Sabia que
cumplirian.
Pero cuando se metio en la cama esa noche, George no estaba satisfecho.
Segun
se acumulan los años y las calorias, la mayoria de la gente se vuelve
mas vieja y mas gorda. Sin embargo, a pesar de todo lo comido, George
adelgazaba segun iba de pueblo en pueblo. ¡La solitaria!
Esa noche
ofrecia sus talentos a abuelitas y celadores en una residencia de
ancianos. "¡Uuhviiguaaaa!" Su armonica llenaba de alegria la sala.
Despues
de devorar tres platos de costillas de cerdo y pure de patatas, miro al
plato de la anciana que estaba a su lado. La salsa resbalaba por su
barbilla. "Adelante, Georgie", dijo. "Eres un buen chico, no deberias
pasar hambre".
Pero George no estaba satisfecho.
A la siguiente mañana, temprano, ya estaba en la carretera enseñando el pulgar. "¿Adonde vas?", dijo el hombre de la camioneta
"A ningun sitio", dijo George. "A cualquier sitio".
Era una nueva decada y, esa noche, George tocaba en un bar casi vacio de la ciudad. Habia perdido mucho peso.
Al terminar, la unica mujer del garito se sento en el taburete que estaba a su lado y le pregunto su nombre.
El
barman se inclino sobre la barra. "¿No conoces a este tio, Mary? George
es famoso. Ha estado por toda la zona de los tres estados" Con un
guiño, añadio, "Es insaciable".
Y esa noche, George lo demostro mientras hundia su cara entre las piernas de Mary.
¡Madre
del amor hermoso!¡Asi se hace, George!¡Asi se hace! "Toca esa
armonica", ronroneo ella. Pero incluso despues de cinco viajes de ida y
vuelta al cielo, el no estaba satisfecho.
La mañana siguiente
supuso un momento incomodo, mientras se miraban el uno al otro con el
cafe delante. Una queria sentir mas, el otro solo queria sentir.
En sus ultimos dias, George era solo piel y huesos.
Su... ultima comida habia sido un error.
Fue
una noche, en una acera en un pequeño pueblo suburbano. Se cruzo con un
chico. Hambriento, con una agonica mueca, abrio la boca para suplicar
ayuda.
"¡Uuhviiguaaaa!¡Uuviizaa!" Solo emitio una cacofonia de
resoplidos y silbidos. Pero el chico le entendio. -Espera, ¿estas
diciendo que George se comio la armonica?-
Cuando se quedo solo, George Reed miro la chocolatina que tenia en la mano, y comenzo a llorar. "Uuh... Uuh..."
Encontraron el cuerpo medio devorado de George en un mercado del siguiente pueblo.
En
una mano llevaba un cuchillo. En la otra, un tenedor. Trozos de carne
arrancados de su pecho y sus brazos. La sangre enmarcaba una sonrisa
sobrenatural.
El viento soplo con fuerza aquella noche, y al pasar
por el agujero que se habia hecho en su propio cuello, el hombre de la
armonica toco su ultima cancion en este mundo.
Habia curiosos y
muchos le conocian. Compartieron historias acerca de como les habia
llenado de esperanza, les habia llenado de vida. Al menos, ellos estaban
satisfechos.
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